domingo, 27 de febrero de 2011

Un llamado al discernimiento : herejias desde el pùlpito


La Biblia frecuentemente hace referencia a falsas enseñanzas, en un contexto contrarrestador de herejías.
El Antiguo Testamento contiene advertencias solemnes contra cualquiera que profetiza o proclama enseñanzas en el nombre de cualquier dios que no sea el SEÑOR (Dt. 13:1-5;18:20-22). Este es el contexto actual en el cual las enseñanzas del Antiguo Testamento, sobre herejías, están encuadradas.
En el Nuevo Testamento encontramos advertencias sobre falsos profetas (Mt. 24:11,24; 2 P. 2:1) — esto es, aquellos que hacen predic–ciones en el nombre de Dios y cuyos anuncios resultan ser falsos (cf. Dt. 18:22). También existe un aviso sobre los falsos apóstoles (2 Co. 11:13). Vemos también advertencias sobre aquellos que proclaman ser el Cristo o que Cristo ha venido o que el día del Señor ya ha llegado, o que la resurrección ya ha ocurrido — cuando en realidad todos estos eventos serán tan obvios y notables que nadie los podrá pasar por alto (Mt. 24:5, 23-27; 2 Ts. 2:1-2; 2 Ti. 2:16-18).
Existe también en la Biblia un aviso contra aquellos que predican a otro Jesús y otro evangelio o quienes promueven otro espíritu y no el Espíritu de Dios (1 Co. 15:3-5; 2 Co. 11:4; Gá. 1:6-9). La enseñanza de que la circuncisión y el guardar la ley son necesarias para la salvación es condenada (Gá. 5:2-4; Fil. 3:2). Por otro lado, la doctrina de que la libertad en Cristo nos da una excusa para el libertinaje también es condenada (Judas 4).
El rechazo de la venida de Jesucristo en la carne es considerada como proveniente del espíritu del antricristo (1 Jn. 4:1-6). Hay prevenciones sobre gente que causa disensiones al enseñar doctrina opuesta a lo que los cristianos ya sabemos que es verdad (Ro. 16:17; Tit. 3:10-11). Somos además advertidos sobre los que dicen amar a Dios pero no aman al pueblo de Dios (1 Jn. 4:20; 5:1) y quienes deliberadamente se separan de la iglesia por causa de doctrina pervertida (1 Jn. 2:19). Finalmente tenemos las advertencias contra el agregar o quitar palabras de la Escritura profética (Ap. 22:18-19) y el tergiversar las Escrituras (2 P. 3:16).
Habiendo observado estas advertencias de la Escritura podemos clasificar las herejías en seis categorías mayores:
1) Herejías sobre revelación — doctrinas que distorsionan, niegan o agregan a la Escritura en una forma que llevan a las personas a la destrucción; incluye falsos reclamos sobre autoridad apostólica o profética.
2) Herejías acerca de Dios — enseñanzas que promueven falsos dioses o distorsiones idólatras del verdadero Dios.
3) Herejías acerca de Cristo — rechazo de su absoluto Señorío, su genuina humanidad y divinidad y su verdadera identidad.
4) Herejías sobre la salvación — enseñar legalismo, méritos para ganarse la gracia y libertinaje; negar la verdad de la muerte y resurrección de Cristo y asuntos similares.
5) Herejías acerca de la iglesia — intentos deliberados de alejar a la gente del compañerismo con cristianos verdaderos; rechazo radical de la iglesia.
6) Herejías sobre el futuro — falsas predicciones supuestamente basadas en autoridad divina; reclamos que el retorno de Cristo ya ha ocurrido y cosas por el estilo.
Nótese que errores en una de estas seis categorías tienden a introducir errores en las otras cinco. Tomemos por ejemplo, la perspectiva hereje en muchos grupos de que la iglesia apostató en los primeros siglos y por lo tanto debe ser “restaurada” en los últimos días. La doctrina implica (1) que la Escritura no es una revelación suficiente sino que necesita la enseñanza suple–mentaria o “explicatoria” de algún maestro o publicación con autoridad. Esto casi siempre sirve como base para rechazar el concepto que tenía la Iglesia primitiva sobre (2) Dios y (3) Cristo. Además, como la Reforma es considerada insuficiente y no constituye la tan necesitada restauración (4), la doctrina de la salvación por gracia por medio de la fe es también rechazada. La doctrina de la restauración toma entonces predominancia sobre la apreciación del grupo sobre el futuro (6), el cual requiere que se entienda la mayoría de las profecías bíblicas sobre el futuro como que se cumplen en su propio grupo.
Por lo ya visto, encontramos que un error en cualquier área de doctrina puede afectar todas las otras áreas. Por lo tanto, no obstante, las herejías tienden a caer directamente dentro de una o más de las seis categorías mayores ya citadas; las herejías pueden en verdad ocurrir en cualquier tema doctrinal. Por ejemplo, si alguien enseña que los ángeles deben ser adorados, enseña una perspectiva herética (Col. 2:18) aunque esté enseñando el tema de los ángeles. Esto es porque la adoración de cualquier criatura definitivamente resta credibilidad a cualquier confesión que dice que Dios es el único Dios.
Tampoco debe pensarse que el Nuevo Testamento nos da un catálogo completo de todas las posibles herejías. En nuestros días hay literalmente miles de distorsiones sutiles de la teología cristiana que merecen la etiqueta de herejías y pueden ser identificadas como tales sin necesidad de que la Biblia las haya anticipado e identificado como herejías. La Biblia nos enseña lo que es absolutamente esencial, pronuncia principios de lo que es básico para la fe cristiana sana y lo que no es esencial. Nos da una amplia variedad de ejemplos de herejías, y espera que nosotros ejercitemos discernimiento al evaluar enseñanzas nuevas y controversiales cuando ellas surgen.
Aun más allá, debemos reconocer que a medida que la iglesia progresa a través de la historia y profundiza su entendimiento de la Escritura, las herejías en general se hacen más sutiles, más disimuladas, más fácilmente confundidas con la verdad del cristianismo auténtico.
Por ejemplo, herejes modernos que rechazan el Antiguo Testamento son raramente tan francos como el hereje del siglo segundo, Marción, quien simplemente negaba que el Antiguo Testa­mento fuera Escritura en ningún sentido (también descartó buena parte del Nuevo Testamento).
En vez de esto, ellos adoptan un método de interpretación que, aunque for–malmente admiten que la Biblia es la Palabra de Dios, en efecto hace que el Antiguo Testamento sea invalidado para el cristiano, lo que es contrario a la clara enseñanza del Nuevo Testamento (Ro. 15:4; 2 Ti. 3:16).
En breve, herejía es cualquier doctrina que la Biblia explícitamente cataloga de destructiva por su error condenatorio o cualquier doctrina que la Biblia indica que no debe ser tolerada en la iglesia o cualquier doctrina que aun sin ser mencionada por la Biblia, contradice enteramente aquellas verdades que la Biblia declara ser esenciales para la fe cristiana.
Perspectivas aberrantes pueden ser también clasificadas de acuerdo a las seis categorías previamente citadas. En cada caso, la doctrina aberrante transige seriamente las enseñanzas esenciales de la Biblia en una o más de esas seis áreas, sin negarlas radicalmente. Por ejemplo, la práctica de especular con la fecha precisa de la venida de Cristo puede a menudo ser una aberración muy cerca de ser herejía. La práctica es por cierto antibíblica, y en el contexto del sistema herético doctrinal, tal establecimiento de fechas puede en sí mismo ser considerado como herético. En algunos casos, ciertos maestros han argumentado más modestamente diciendo que Cristo podría retornar en cierta fecha, admitiendo que habría una posibilidad de error, y urgiendo a la gente a intensificar la obediencia a la Palabra de Dios. Si bien esta clase de enseñanza debe ser considerada un tanto aberrante, ya que viola las advertencias bíblicas contra el hacer predicciones de este tipo, no es en sí misma una enseñanza herética.
Los Nueve Enemigos de la Verdad

1. Falso evangelio 2 Co. 11:4; Gá. 1:6-9
2. Falsas doctrinas Ro. 16:17; 1 Ti. 1:3
3. Falsos milagros Mt. 24:24; 2 Ts. 2:9
4. Falsos dioses Dt. 13:2; 2 Ts. 2:4 5. Falsos cristos Mt. 24:24; 2 Co. 11:4
6. Falsos espíritus 2 Co. 11:4; 1 Jn. 4:1-2
7. Falsos profetas Mt. 24:24; 2 P. 2:1
8. Falsos apóstoles 2 Co. 11:13; Ap. 2:2 9. Falsos maestros 1 Ti. 1:7; 2 P. 2:1

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